URNAS DE BARRO

Son un monumento de muerte.

 

Su monumentalidad reside en su carácter de otorgar presencia.  De poder cristalizar una memoria para cuidar la brutalidad de la muerte y que esta se mantenga. La muerte es brutal por su irreversibilidad. Se presenta sin pedir permiso. La fragilidad de la muerte es un resultado de la ruptura que queda en los vivos. La memoria solo es memoria cuando es presente, cuando ejerce.

 

También recuerda su sanción a través de la aceptación. Aceptar la belleza del monumento y aceptar que algún día se romperá.

 

La urna pequeña cuestiona y aporta vías de pensamiento y expresividad a la dualidad de las dos urnas grandes ya aparentemente desvelada y por tanto conclusa. Una obra acabada está muerta. 

 

Las texturas exteriores y la pizarra incrustada retratan la lucha emocional que se produce alrededor de la muerte. Destapando la fragilidad emocional buscando la mirada … Estas llagas y fisuras acontecen sobre una superficie de  crecimientos orgánicos e informes que  emanan de un núcleo para irse labrando a través tanto de obstáculos como de apoyos. Sus grietas son su fractura hermosa. 

 

Otro punto de fragilidad es que su carácter térreo habla de la temporalidad de lo efímero e incluso de lo terrenal. 

 

 

.Estas figuras están pensadas para aislarse dentro de un entorno familiar y a la vez mostrarse en el mismo. Quizás acompañadas por un vacío de aire en una ventana. Cómo nosotros, estamos acompañados pero siempre estamos aislados en un vacío de aire interior. 

 

Son piezas que reclaman la mirada de lo íntimo.  mostrarse en el hogar de la familia.

Su fragilidad reside en su concepto de recoger las cenizas de un ser querido. Normalmente no es el muerto quien escoge la urna, sino su familia. Y es a la familia a quien le toca representar el tipo de vida que tuvo esa persona.